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Wednesday May 23, 2018
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Death as a Good

Homily for Good Friday 2016
at St. Paul Cathedral

(Homilia en Español es abajo)

Most Rev. Joseph J. Tyson, Bishop of Yakima

Peace be with you. How is this violent death of Jesus on the cross good? I’ve given this question considerable thought as I’ve considered the death of a young woman in Wapato.

This young woman worked packing fruit and then sending home money by wire to support her family in Mexico. Sadly when she returned for a visit, extortionists kidnapped her. They sent a note to her family in the Lower Valley demanding $10,000 dollars in ransom. Family members took up a collection at the fruit packing plant. They raised about $4,000 dollars. The extortionists told her to send the money they had. After sending the money she was killed. Half her body was placed in a trash bag on the front door of her family in Mexico with a note that they would get the other half of her dead body when the rest of the money was received.

This violent cheapness of life begins with our casual indifference to the plight of the unborn and it extends straight to the plight of the undocumented all of whom lack legal status and therefore stable protection. On a global scale we see the largest number of refugees since the Second World War with so many people trying to escape violent political and social situations. Even our annual Good Friday collection for the Holy Land reminds us of the huge exodus of persecuted Christians exiting areas of the Middle East where they once had lived since the dawn of Christianity itself.

So how do we grapple with this non sequitur of a “Good” Friday when Jesus suffers such physical pain and undergoes such a violent death? The fourth-century St. Ambrose provides a couple of clues. In his work, “Death as a Good,” St. Ambrose notes that there are really three kinds of death. The first death is the death of our soul due to our sin. The second death is the death to our selves and to our worldly attachments. It’s a death to an old way of life that separates us from God’s love. The third death St. Ambrose cites is the death of our earthly bodies when due to sickness and age, our time on this earth comes to an end.

St. Ambrose goes on to note that we’d consider the death to our souls due to sin a “bad” death, but the death to a sinful way of life a “good” death. The death of our earthly bodies, St. Ambrose notes, is somewhere between the two. Why? Because so much of our earthly life is a journey from our enslavement to sin and towards our freedom in Christ!

So what is it that makes Good Friday, “Good”? St. Augustine, who spent so much time listening to these homilies of St. Ambrose when serving in Milan, notes the following. He says that God in his infinite power could have taken away all temptation; all sin, all suffering and all evil. God is that omnipotent and powerful. But God does a better thing. He makes saints out of sinners. He makes martyrs out of the persecuted. He brings good out of evil and – as we will learn at Easter – he brings resurrected life out of violent death. God is that powerful, that omnipotent and that glorious.

As we prepare to reverence the cross, allow me to close with this rather obscure note from our Roman Rite regarding us bishops. Bishops wear pectoral crosses on our chests as signs of our unique configuration to the high priest of Jesus Christ who dies on the cross. But the Roman Rite explicitly states that on Good Friday we are to wear no jewelry – no bishop ring and no pectoral cross.

Why is this small detail important for your consideration? Perhaps because our more casual use of the cross as a jewelry item might cause us to forget that the cross was a cruel and violent instrument of torture. This is why St. Paul refers to the “scandal” of the cross. Indeed, were early Christians standing alive with us today, they might be somewhat shocked that instruments of torture had become such casual jewelry.

This small detail might better inform us of what we do tonight. We adore the cross of Christ because through the cross we receive a merciful and unwarranted deliverance from our sin. This cross of Christ signals to us a way that our death might be “good” however death comes to us – even the violent deaths that occur to our people here in the Yakima Valley and around the world. The cross of Christ even gives us a way of understanding the artistic detail of the crosses we wear – not as fashion jewelry – but as adoration and veneration of what God has done for us and how God makes a violent death a “Good Friday.” Peace be with you!

Artwork: Vision of St Thomas Aquinas by Santi di Tito, 1593.

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La Muerte como un Bien

 Homilía para el Viernes Santo 2016 en la Catedral de St. Paul

Rvdmo. Joseph J. Tyson, Obispo de Yakima

¡La paz sea con ustedes!  ¿Cómo es buena esta muerte violenta de Jesús en la cruz?  Yo he pensado mucho sobre esta pregunta cuando he considerado la muerte de una joven en Wapato.

Esta joven trabajaba empacando frutas y enviaba dinero para ayudar a su familia en México. Tristemente cuando ella regresaba de una visita, los extorsionistas la secuestraron. Enviaron una nota a su familia en Lower Valley demandando $10,000 dólares por el rescate.  Los miembros de la familia hicieron una colecta en la planta empacadora de frutas. Ellos recogieron cerca de $4,000 dólares. Los extorsionistas le dijeron a la familia que les enviaran el dinero que ellos tenían.  Después que recibieron el dinero la asesinaron. La mitad de su cuerpo fue colocado en una bolsa de basura en la puerta de enfrente de la casa de la familia en México con una nota diciendo que recibirían la otra mitad cuando ellos recibieran el resto del dinero.

Esta bajeza violenta de la vida comienza con nuestra indiferencia casual a la difícil situación del no nacido y se extiende directamente a la situación de los indocumentados todos los cuales carecen de un estatus legal y de una protección estable. En nuestra escala global vemos el gran número de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial con tanta gente tratando de escapar situaciones de  violencia política y social.  Incluso nuestra colecta anual del Viernes Santo para la Tierra Santa nos recuerda el éxodo inmenso de cristianos perseguidos saliendo de todas partes del Medio Oriente en donde ellos una vez habían vivido desde el principio del cristianismo mismo.

Entonces, ¿cómo lidiamos con esta incongruencia de un “Buen” Viernes cuando Jesús sufre tal dolor físico y sufre una muerte violenta? San Ambrosio en el cuarto siglo proporciona un par de pistas. En su obra “la Muerte como un Bien,” San Ambrosio dice que realmente hay tres clases de muerte. La primera muerte es la muerte de nuestra alma por nuestro pecado. La segunda muerte es la muerte a nosotros mismos y a nuestras ataduras mundanas. Es una muerte a un viejo estilo de vida que nos separa del amor de Dios. La tercera muerte que San Ambrosio cita es la muerte de nuestros cuerpos terrenales en donde por enfermedad o por la edad, nuestro tiempo en esta tierra llega a su fin.

San Ambrosio continúa revelando que deberíamos considerar la muerte de nuestras almas debido al pecado como una “mala” muerte, pero la muerte a un estilo de vida pecaminoso como una “buena” muerte.  Las muerte de nuestros cuerpos terrenales,  señala San Ambrosio ¿está en algún lugar en medio de las dos? ¿Por qué? ¡Porque mucha de nuestra vida terrenal es una jornada de nuestra esclavitud al pecado y hacia nuestra libertad en Cristo!

Entonces, ¿qué es lo que hace “Bueno” al Viernes Santo?  San Agustín, quien pasó mucho tiempo escuchando estas homilías de San Ambrosio cuando servía en Milán, indica lo siguiente. Él dice que Dios en su infinito poder pudo haber quitado todas las tentaciones; todo pecado, todo sufrimiento y todo mal. Dios que es omnipotente y poderoso. Pero Dios hace algo mejor. Hace santos de los pecadores. Hace mártires de los perseguidos. Saca lo bueno de lo malo y – como vamos a aprender en la Pascua – saca la vida resucitada de la muerte violenta.  Dios es así de poderoso, así de omnipotente y así de glorioso.

Mientras nos preparamos para reverenciar la cruz, permítanme cerrar con esta nota bastante oscura de nuestro Rito Romano referente a nosotros los obispos. Los obispos llevamos cruces pectorales en el pecho como signo de nuestra configuración única con Jesucristo, el Sumo Sacerdote que murió en la cruz. Sin embargo el Rito Romano claramente declara que el Viernes Santo no debemos usar ninguna joya – ni el anillo de obispo ni la cruz pectoral.   

¿Por qué este pequeño detalle es importante para su consideración? Tal vez porque nuestro uso más informal de la cruz como una joya puede hacernos olvidar que la cruz fue un instrumento de tortura cruel y violento. Por esto es que San Pablo se refiere al “escándalo” de la cruz. En realidad, si los primeros cristianos estuvieran aquí con nosotros hoy, estarían muy sorprendidos al ver que instrumentos de tortura se hayan convertido en joyas casuales.  

Este pequeño detalle nos podría informar mejor sobre lo que haremos esta noche. Adoramos la cruz de Cristo porque a través de la cruz recibimos una liberación misericordiosa e injustificada de nuestro pecado. Esta cruz de Cristo nos señala una manera que nuestra muerte puede ser “buena” en cualquier forma que nos venga – incluso las muertes violentas que le ocurren a nuestra gente aquí en el Valle de Yakima y en todo el mundo. La cruz de Cristo incluso nos da una manera de entender el detalle artístico de las cruces que usamos  – no como una joya de moda – sino como adoración y veneración de lo que Dios ha hecho por nosotros y cómo Dios hace de la muerte violenta un “Buen Viernes,” o sea, un “Viernes Santo.”  ¡La paz sea con ustedes!