Articles
Wednesday May 23, 2018
English Chinese (Simplified) Filipino French German Italian Portuguese Spanish

Mercy and Welcome

Homily for Holy Thursday 2016
(Homilia en Español es abajo)

Exodus 12:1-8, 11-14; 1 Corinthians 11:21-26; John 13:1-15

Most Reverend Joseph J. Tyson,
Bishop of Yakima

Peace be with you! This Holy Thursday Mass of the Lord’s Supper brings together two deeply intertwined scriptural threads: that of the Passover feast Jesus celebrates with his disciples, and that of Jesus washing his disciple’s feet. The celebration of the Eucharist during this evening Mass of the Lord’s supper followed by our adoration of the Eucharist until midnight in our chapel of repose uplift the centrality of the Eucharist in our lives as Christians.

Yet in this “Jubilee Year of Mercy” it might be wise to remember that what St. John uplifts from this “Lord’s Supper” is not the breaking of the bread for – indeed – there is no last supper recorded in the Gospel of St. John. Rather, St. John uplifts this lowly and humble act – this merciful act – of Jesus washing the feet of his disciples as they sit at the Passover table.

We risk losing the shock value of Jesus performing this act because, in first century culture, not even a Jewish servant would be expected to perform this lowly task. The foot washing of guests would have been relegated to a Gentile slave.

Our own Pope Francis may have tried to recover some of this shock value when he celebrated Holy Thursday in a prison washing the feet of prisoners – both men and women – including a Muslim woman.

Why did Jesus do this? By personally washing the feet of his followers, Jesus wanted to make the strongest possible statement about God’s mercy overcoming human sin. St. Augustine writes: “as [man] was lost by imitating the pride of the deceiver, let him now, when found, imitate the Redeemer’s humility.”

Our retired Pope Emeritus Benedict VXI expands on this insight of St. Augustine in the second book of this three-volume series titled Jesus of Nazareth. In chapter three he suggests that this foot washing is not only an “exemplum” – an example of humility for us to follow; but it is also a “sacramentum” – the overarching sacramental movement of grace and mercy.

Cycling back to St. Augustine, Pope Benedict concludes: “The second constantly recurring word in St. Augustine’s exegesis of the Sermon on the Mount is misericordia –mercy.” (p. 64)

Taken together, as we enter this Triduum during this Jubilee of Mercy we might want to ask ourselves this hard question: How merciful are we? Do we imitate the lowly action of washing the feet of others through our own corporal and spiritual works of mercy?

And as we meditate upon the Blessed Sacrament this night, we might want to digest the nourishment of mercy Jesus gives us, bringing to mind and acknowledging the many ways God has blessed us and fed us with the bread of His mercy in the midst of our sins. Peace be with you!

###

Misericordia y Bienvenida

Homilía para el Jueves Santo 2016
Éxodo 12,1-8, 11-14; 1 Corintios 11,21-26; Juan 13,1-15

Rvdmo. Joseph J. Tyson, Obispo de Yakima

¡La paz sea con ustedes! La Misa de este Jueves Santo de la Cena del Señor reúne dos secuencias profundamente entrelazadas de las escrituras: la de la fiesta de la Pascua que Jesús celebra con sus discípulos, y la de Jesús lavando los pies de sus discípulos. La celebración de la Eucaristía durante la Misa de esta noche de la cena del Señor seguida de nuestra adoración de la Eucaristía hasta la media noche en nuestra capilla de reposo eleva la centralidad de la Eucaristía en nuestras vidas como cristianos.

Sin embargo, en este "Año Jubilar de Misericordia" podría ser prudente recordar que lo que San Juan inspira de esta "Cena del Señor" no es el partir del pan porque – de hecho – no hay registro de la última cena en el Evangelio de San Juan. Más bien San Juan enaltece este acto modesto y humilde – este acto de misericordia – de Jesús lavando los pies de sus discípulos mientras preparan la mesa de la Pascua.

Corremos el riesgo de un impacto de valor de Jesús realizando este acto porque, en la cultura del primer siglo, ni siquiera se esperaba que un sirviente judío realizara esta humilde tarea. El lavado de los pies de los invitados habría sido relegado a los esclavos gentiles.

Nuestro propio Papa Francisco pudo haber tratado de recobrar algo de este impacto de valor cuando celebró el Jueves Santo en una prisión lavando los pies de los prisioneros – tanto hombres como mujeres – incluyendo mujeres musulmanas.

¿Por qué Jesús hizo esto? Al lavar personalmente los pies de sus seguidores, Jesús quería hacer la manifestación más fuerte posible sobre la misericordia de Dios sobreponiéndose al pecado humano. San Agustín escribe: “como [hombre] se perdió imitando el orgullo del engañador, dejemos que ahora, cuando lo encuentre, imite la humildad del Redentor."

Nuestro Papa Emérito Benedicto XVI se expande en esta visión de San Agustín in el segundo libro de una serie de tres volúmenes titulado Jesús de Nazaret. En el capítulo tres él sugiere que este lavado de pies no es sólo un "ejemplo" – un ejemplo de humildad para que nosotros sigamos; sino que también es un
"sacramento" del movimiento global sacramental de gracia y misericordia.

Regresando a San Agustín, el Papa Benedicto concluye: "La segunda palabra que se repiten constantemente en la interpretación de San Agustín sobre el Sermón de la Montaña es misericordia –misericordia.” (p. 64)

Tomados en conjunto, al entrar a este Triduo en este Jubileo de Misericordia podríamos hacernos esta pregunta difícil: ¿Que tan misericordiosos somos? ¿Imitamos la acción humilde de lavar los pies de los demás a través de nuestras obras corporales y espirituales de misericordia?

Y que al meditar en el Santísimo Sacramento esta noche, queramos digerir el alimento de misericordia que Jesús nos da, recordando y reconociendo las muchas maneras que Dios nos ha bendecido y alimentado con el pan de Su misericordia en medio de nuestros pecados. ¡La paz sea con ustedes!