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Homilía para la Canta Misa del Padre Lalo Barragán, Sacerdote de la Diócesis de Yakima, Mayo 30, 2014, Pajacuarán México

Deuteronomio 8,2-3, 14b-16a; 1 Corintios 10,16-17; Juan 6,51-58

Rvdsmo. Joseph J. Tyson, Obispo de Yakima, Washington USA

Así como el pan es uno, nosotros, que somos muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan”. ¿Qué quiso decir San Pablo cuando dijo estas palabras a la primera comunidad cristiana en Corinto? Y, ¿qué significan esas palabras para nosotros ahora que estamos aquí en Pajacuarán o – para el Padre Lalo Barragán – quien emigró al norte y a uno de los lugares más lejanos de Los Estados Unidos como Yakima?

Bueno, empecemos con el hecho de que la antigua ciudad griega de Corinto, en donde San Pablo predicó, no era – en ninguna forma o manera – un pueblo similar unificado. Corinto era puerto. En Corinto se dice que había una gran comunidad que hablaba griego. Corinto ordinariamente recibía a los comerciantes de Roma. Corinto tenía una comunidad judía muy activa justo hasta el tiempo de la Segunda Guerra Mundial. Y mucho tiempo después de que San Pablo predicara su mensaje cristiano, Corinto también era la sede de una gran comunidad musulmana.

Por lo tanto, cuando San Pablo dijo esas palabras tan fuerte a sus compañeros cristianos en Corinto: “Así como el pan es uno, nosotros, que somos muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan,” no estaba proclamando una unidad que viene de un solo idioma, una sola cultura, una sola raza, una sola forma de vida, un único sistema de pensamiento político, o una sola forma de asuntos humanos.

No, San Pablo, por lo contrario,  parece afirmar en su predicación que la “unidad” no es algo que fabricamos nosotros mismos. La “unidad” no es algo que nosotros hacemos. La “unidad” no es algo que puede ser autogenerado simplemente por nuestros propios esfuerzos. La “unidad” es, en primer lugar, un regalo – un regalo muy real; la Eucaristía.

Digo esto hoy porque – como ustedes saben – yo vengo de la Diócesis de Yakima en Los Estados Unidos donde el Padre Lalo Barragán servirá como sacerdote. Yo nací en la Diócesis de Yakima y fui bautizado en la Catedral de la cual ahora soy el obispo. Soy el primer obispo que ha nacido en la diócesis y que ahora es obispo de la Diócesis de Yakima. Cuando yo era un niño, en una cuarta parte de los hogares alrededor de la Catedral se hablaba el idioma alemán –mi familia era parte de este grupo. Pero además del alemán e inglés, cuando era niño también escuchaba hablar español en Yakima por los emigrantes de Texas y luego de México. No recuerdo algún tiempo en que no se hablara español en Yakima.

Por eso es que Yakima no sólo es mi hogar sino que también se convirtió en el hogar del Padre Lalo. En el hogar de sus padres, sus hermanos, sus hermanas y numerosos tíos, tías y primos. Yakima es el hogar de cientos de personas con raíces en Pajacuarán. Aún más, Yakima es el hogar de, literalmente, miles y miles de personas de Michoacán. De hecho la mayoría de nuestra gente en la Diócesis de Yakima asiste a Misa – no en inglés, sino en español.

Algunas veces me pregunto ¿Cómo se sienten ustedes aquí en Michoacán cuando ven irse a tantos seres queridos?. Me pregunto ¿Qué piensan cuando escuchan sobre las largas horas que nuestra gente trabaja en las huertas, los campos y las plantas empacadoras de frutas.  Es cierto que las palabras de San Pablo; “Así como el pan es uno, nosotros, que somos muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan,” pueden ser una fuente de consuelo espiritual, no quita el dolor de la preocupación, la pérdida y la separación que muchas familias sufren aquí en Pajacuarán, en todo México y Sudamérica

Por esa razón yo he venido hoy de Yakima a Pajacuarán – la ciudad natal del Padre Lalo y de su familia.  Mi mensaje para ustedes- hoy – es muy simple. Ustedes no han perdido a Lalo y no han perdido a ninguno de sus seres queridos aun cuando ellos han viajado al norte. Ustedes los han entregado. Al igual que Cristo se entregó a sí mismo – Cuerpo y Sangre – en toda su humanidad y en toda su divinidad – ustedes nos han dado a Lalo para que sea un sacerdote santo de Dios en Yakima. Ustedes lo han enviado como misionero a imitación de San Pablo.

De hecho, así como han enviado a seres queridos al norte en busca de una mejor vida – al mismo tiempo – los han enviado al norte como misioneros para replantar y fortalecer a la Iglesia Católica en Los Estados Unidos. Ustedes viven las palabras tan valientemente proclamadas por San Pablo a los Corintios:

“Hermanos y hermanas: La copa de bendición que bendecimos, ¿no es una comunión con la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es una comunión con el cuerpo de Cristo? Así como el pan es uno, nosotros, que somos muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan...”

Tengan en cuenta que estas conmovedoras palabras de San Pablo a los Corintios no sólo significan que San Pablo era un misionero. Tal vez aún más importante, San Pablo estaba formando a los Corintios para que ellos también fueran misioneros. Por lo tanto, Corinto no sólo acogió los esfuerzos misioneros de San Pablo, sino que también se convirtió en el punto de partida para una nueva generación de misioneros para predicar el Evangelio de Jesucristo a los más lejanos confines del antiguo mundo romano.

Eso también es cierto aquí en Pajacuarán. Ustedes están formando y enviando misioneros. Aunque la Diócesis de Yakima ciertamente ha invertido tiempo y esfuerzo en el Padre Lalo Barragán, la tierra de la cual nació su vocación sacerdotal es esta tierra y este suelo de Michoacán

En muchas maneras su vocación también es el resultado de las oraciones, las penitencias, la fe y la unidad de ustedes con Jesucristo. Lo que Corinto hizo por la Iglesia del oeste, Pajacuarán lo está haciendo por Yakima: compartiendo a Jesucristo.

El compartir a Jesucristo no es simplemente compartir un mensaje. ¡No! Al seleccionar estas lecturas de la Fiesta de Corpus Christi, Lalo, quiere – el mismo – comenzar su sacerdocio haciendo énfasis en el compartir a Jesucristo en la Eucaristía.  Nuestro compartir a Jesucristo es mucho más que un mensaje.  Es el compartirlo en la Eucaristía. Compartir Su Cuerpo. Compartir Su Sangre. Esta iniciativa misionera en que ustedes se han involucrado aquí en Pajacuarán está literalmente teniendo la misma esencia que Cristo da al mundo.  Esa es la razón por la que viven y oran, rinden culto divino y dan testimonio del Evangelio de Jesucristo en Pajacuarán, lo cual es tan importante para la Iglesia Católica en general – la Iglesia Universal – porque la fidelidad de ustedes es la base misma de la que la Iglesia Católica consigue misioneros y comparte el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo hasta los confines de la tierra.

Nuestro Santo Padre jubilado, el Papa Benedicto Dieciséis  explicó tan bellamente esta acción eucarística durante su charla catequética de los miércoles, durante el año de San Pablo. El Papa Benedicto indicaba que así como el cuerpo transforma la comida ordinaria y la convierte en si mismo, con la Eucaristía es todo lo contrario: Cuando recibimos el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, Él nos está transformando en su cuerpo. 

Por eso no es extraño que el Evangelio de San Juan sea tan explícito y tan gráfico al citar las mismas palabras de Jesús: “Mi carne es comida verdadera, y mi sangre es bebida verdadera.”  Y no es extraño que San Pablo le pueda decir a sus hermanas y hermanos cristianos en Corinto, “así como el pan es uno, todos pasamos a ser un solo cuerpo.”

Amigos, el punto final es este: entre más sea su fidelidad a la fe de la Iglesia, mucha mayor será la formación de misioneros para el mundo y lo más grande será nuestra transformación del mundo en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo.

¿Qué más puedo decir? Gracias por hacer su misión eucarística. Gracias por enviarnos a Lalo y a su familia. Gracias por enviarnos misioneros y plantar su fe en el Valle de Yakima.  Gracias por permitir que su fe crezca y eche raíces con nosotros en el norte.

Mi esperanza y mi oración por ustedes este día es que cada vez que reciban el Cuerpo y la Sangre de Cristo no sólo sepan lo cerca que Cristo viene a ustedes y los transforma en su Cuerpo, sino que también sepan que al ser transformados en su Cuerpo sus seres queridos en el norte están muy cerca, que el Padre Lalo está muy cerca, que yo – su obispo – estoy muy cerca y que…“Así como el pan es uno, nosotros, que somos muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan…” que es Jesucristo nuestro Señor y Salvador.

¡La paz del Señor esté con ustedes!