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Monday February 19, 2018
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Living the Mysteries

Homily for Easter Vigil 2016
(Homilia en Español es abajo)

Genesis 1:1-2:2; Genesis 22:1-18; Exodus 14:15-15:1; Isaiah 54:5-14; Isaiah 55:1-11; Baruch 3:9-15, 32:4-4; Ezekiel 36:16-17a, 18-28;
Romans 6:3-11; Luke 24:1-12

Most Rev. Joseph J. Tyson,
Bishop of Yakima

Peace be with you!  Friends as tonight’s liturgy unfolds we use three principal symbols of water, oil and light to welcome our newest members into the fold of the Church.

Why this joy and why these symbols?  St. Paul provides a succinct summary in his letter to the Romans we just heard proclaimed: “For if we have grown into union with him through a death like his, we shall also be united with him in the resurrection.”

Those symbols of water, oil and light point to the central spiritual mystery of our faith: the bodily resurrection of our Lord and Savior Jesus Christ from the grave.  This realness of this event is so surprising and so counterintuitive to the human experience of death’s finality that excitement and energy in encountering this Risen Christ leaps off the pages of our scriptures during this Easter season.

Yet note well, this resurrected body of Christ is not immediately recognizable to his closest followers. In tonight’s Gospel from St. Luke the women mistake him for a gardener, and were we to read down a bit further in this twenty fourth chapter we’d hear how the men mistake him as cook preparing fish on the seashore.  Still further in St. Luke’s Gospel the disciples heading home to Emmaus mistake him for a fellow traveler.

Yet in this “Jubilee Year of Mercy” it might be wise to remember that next Sunday – Divine Mercy Sunday – we learn from Thomas how to recognize this “resurrected” body of Christ: by his wounds.  Recall that Thomas is the last to hear about the rising of Christ and doesn’t believe.  Note too, that even though Jesus invites him to touch his side, Thomas comes to belief by seeing the wounds.  It’s as though the first recognizable feature of Jesus is the wounds he suffered in his passion and death.

Friends, as we enter this period of “mystagogy,” this post-Easter catechesis as we assume the privilege and the responsibility of being in the Church, we might want to remember that Jesus is most recognizable today through the wounds we see in the Body of Christ of those around us.  In this “Jubilee of Mercy” we might want to recall that the corporal and spiritual works of mercy we’ve studied this year are the actions that we make Christ visible among us and recognize Christ in our midst.  Peace be with you!

Artwork: "Incrédulo Tomás," Bernardo de Strozzi, 1581-1664

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Viviendo los Misterios

Homilía para la Vigilia Pascual 2016

Génesis 1,1-2:2; Génesis 22,1-18; Éxodo 14,15-15:1; Isaías 54,5-14; Isaías 55,1-11; Baruc 3,9-15, 32,4-4; Ezequiel 36,16-17a, 18-28; Romanos 6,3-11; Lucas 24,1-12

Rvdmo. Joseph J. Tyson, Obispo de Yakima

¡La paz sea con ustedes! Amigos, a medida que la liturgia de esta noche se va desarrollando usaremos tres símbolos principal de agua, aceite y luces para recibir e incorporar  a nuestros miembros más nuevos a la Iglesia.

¿Por qué esta alegría y estos símbolos? San Pablo nos proporciona un breve resumen en su carta a los romanos que acaba de ser proclamada: “Porque si hemos crecido en unión con Cristo por medio de Su muerte, también estaremos unidos con él en la resurrección."

Esos símbolos de agua, aceite y luz respaldan el misterio central espiritual de nuestra fe: la resurrección corporal de Jesucristo nuestro Señor y Salvador de la tumba. El carácter real de este evento es tan sorprendente y tan contrario a la intuición de la experiencia humana de la finalidad de la muerte que el entusiasmo y la energía en el encuentro con este Cristo resucitado salta de las páginas de nuestras escrituras durante este tiempo de Pascua.

Sin embargo noten bien, este cuerpo resucitado de Cristo no es reconocido inmediatamente por sus más cercanos seguidores.  En el Evangelio de esta noche tomado de San Lucas las mujeres lo confunden con el cuidador, y si leyéramos un poco más en este capítulo veinticuatro escucharíamos cómo los hombres lo confundieron con un cocinero cuando preparaba un pescado en la orilla. Y todavía, más adelante en el Evangelio de San Lucas los discípulos que iba camino a Emaús lo confundieron con un compañero de viaje.

Sin embargo, en este “Año Jubilar de la Misericordia” sería prudente recordar que el próximo domingo – Domingo de la Divina Misericordia – aprendemos de Tomás cómo reconocer este cuerpo de Cristo “resucitado”: por sus heridas. Recordemos que Tomás es el último que escuchó sobre la resurrección de Cristo y no lo creyó. Notemos también, que a pesar de que Jesús lo invita a que le toque su costado, Tomás cree con sólo ver las heridas. Es como si la primera característica reconocible de Jesús fueran las heridas que sufrió en su pasión y muerte.

Amigos, que al entrar en este período de "mistagogía" esta catequesis post-Pascua mientras asumimos el privilegio y la responsabilidad de estar en la Iglesia, queramos recordar que Jesús es tan reconocible hoy a través de las heridas que vemos en el Cuerpo de Cristo de aquellos a nuestro rededor. Que en este "Jubileo de Misericordia" queramos recordar las obras corporales y espirituales de Misericordia que hemos estudiado este año y sean las acciones que llevamos a la vista de Cristo entre nosotros y Cristo en medio de nosotros. ¡La paz sea con ustedes!