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Wednesday February 21, 2018
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Homilía para el Tercer Domingo de Adviento

Sofonías 3,14-18a; Filipenses 4,4-7; Lucas 3,10-18

Rvdmo. Joseph J. Tyson, Obispo de Yakima

 

¡La paz sea con ustedes! ¿Qué significa la misericordia? Uno de los escritores favoritos del Papa Francisco sobre el tópico de la misericordia es el Cardenal alemán Walter Kaspar quien, en su libro:  "Mercy: the Essence of the Gospel" ("Misericordia: la Esencia del Evangelio") nota las diferentes formas que en su nativo idioma alemán expresa el concepto de la misericordia con tres palabras en particular: mitlied, mitgefühl, and barmherzigkeit.

La palabra "mitlied" viene del verbo "leiden" que significa "sufrir," y se refiere a una clase de misericordia que acompaña y camina con los que sufren.  La palabra "mitgefühl" tiene sus raíces en el verbo "sentir" y apunta a una misericordia que tiene compasión y simpatía por la difícil situación de los demás. La tercera palabra alemana es tal vez la más bella y la más litúrgica porque "barmherzigkeit" viene de las raíces de dos verbos: "barm" que significa "pecho" o "seno" y "herz" que significa "corazón." En alemán cuando decimos las palabras: "Señor ten misericordia" realmente estamos diciendo: "Herr, erbarme dich uns." Es como si le estamos rogando a Dios que nos acerque tanto a su pecho que podamos sentir los latidos de su corazón.

Así, cuando abrimos las Puertas de la Misericordia en este Año Jubilar estamos abriendo el camino hacia el rostro de Dios: Jesucristo. A través de las Puertas de la Misericordia somos invitados a acercarnos tanto que podamos sentir el verdadero latido del corazón de Dios en una forma paralela a María durante su embarazo en Adviento.

¿No es esto motivo de regocijo? Por una feliz coincidencia el comienzo del Año Jubilar de la Misericordia comienza el Tercer Domingo de Adviento – tradicionalmente referido por su nombre en latín: "Domingo Gaudete" que viene del verbo en latín: "regocijar."   

Si nos regocijamos en un Dios que está tan cerca de nosotros que podemos sentir el latido de su corazón entonces – haciendo eco a la pregunta que hicieron los seguidores de Juan Bautista: "¿Que debemos hacer?" Sin perder tiempo, Juan Bautista responde rápidamente:

"El que tenga dos capas dé una al que no tiene," dice San Juan Bautista en el Evangelio de hoy tomado de San Lucas.  "Y quién tenga que comer haga lo mismo..." A los cobradores de impuestos San Juan Bautista les ordena: "No cobren más de lo debido." A su vez unos soldados le preguntaron: "Y nosotros que debemos hacer" Juan respondió: "No abusen de la gente, no hagan denuncias falsas, y conténtense con lo que les pagan."

"Juan aparece en el desierto como un hombre dedicado a Dios," indica nuestro ya jubilado Santo Padre Benedicto Decimosexto.  "Las cosas importante son primero su llamado al arrepentimiento, lo que continúa con lo que todos los profetas han dicho y segundo, su testimonio de Cristo que de nuevo hace una concreta profecía en la imagen del Cordero que es el Cordero de Dios." (Benedicto 373).

Así que tal vez la pregunta para nosotros sea esta: Si, a pesar de nuestro pecado, el amor de Dios nos atrae tan cerca que sentimos los latidos de su corazón entonces ¿cómo vamos a acercar a los demás hacia nosotros para que podamos experimentar el latido del corazón de Dios?

No es casualidad que dar de comer al hambriento, vestir al desnudo, dar un techo a los desamparados, consolar a los enfermos, visitar a los encarcelados y enterrar a los muertos sean referidos por nuestra enseñanza de la Iglesia como "obras corporales de misericordia." Para que la misericordia sea real siempre implica una unión de nuestros corazones y nuestras manos. 

Lo mismo puede decirse de amonestar a los pecadores, instruir al ignorante, aconsejar a los dudosos, consolar a los afligidos, sufrir con paciencia, perdonar todos los maltratos y orar por los vivos y los muertos. Estas "obras espirituales de misericordia" corren paralelas a las "obras corporales de misericordia" porque unen nuestras cabezas y nuestros corazones.

Recientemente (el 21 de noviembre, 2015) nuestro Santo Padre, el Papa Francisco, habló a los educadores sobre este mismo tema. Citando a San Juan Bosco que enfrentó su propio desafío para educar a los jóvenes en el siglo 19 en Italia, el Papa Francisco indica que la práctica de la misericordia involucra el aprendizaje de tres idiomas: "…el idioma de la cabeza, el idioma del corazón, y el idioma de las manos."  El Papa Francisco continuó indicando: "Estos tres idiomas deben estar en armonía para que el estudiante piense sobre lo que siente y hace, sienta lo que piensa y lo que hace, y haga lo que él piensa y sienta."

¿Podemos nosotros hacer lo mismo? Permítanme concluir con una nota personal. Como muchos de ustedes saben, yo fui bautizado en esta Catedral. Una de las historias más poderosas que recuerdo viene de mi abuela.  Al salir de la casa familiar en Selz, Dakota del Norte, ella y mi abuelo trabajaron en remotos campamentos madereros con algunos de mis primos mayores en Central Oregon. Al escuchar de otras personas sobre trabajos en Yakima, ellos decidieron venir a vivir aquí.

Pasando a través de las puertas de esta Catedral, por primera vez, ella recordaba haber escuchado el suave sonido de su dialecto nativo Schwäbish alemán que había echado mucho de menos porque vivía en la parte rural de Oregon. Eso la hizo sentirse como en casa.

Amigos, es por eso que nos reunimos este día. Celebramos este comienzo el Domingo Gaudete regocijándonos en el conocimiento de que cuando el amor de Dios se encuentra con el pecado humano el fruto es siempre la misericordia. Abrimos las Puertas de la Misericordia para que todos los peregrinos que vienen de las 41 parroquias y misiones de la Diócesis de Yakima sepan que esta Catedral es su casa. Abrimos el Año Jubilar de la Misericordia orando por los tres idiomas de la cabeza, las manos y el corazón en una región a menudo segregado por el español y el inglés. Resolvamos entonces aprender este nuevo idioma – el idioma de la misericordia. La paz sea con ustedes.